¿Y ahora qué?


Y ahora... ¿ahora qué?
Los hombres a los que se les murió el alma,
los que nacieron sin alma,
los que la perdieron en los oscuros recovecos
de la mentira y la soberbia;
las mujeres que aparecieron de repente,
riendo indecentes entre la multitud
que parecía dormida,
que parecía muerta,
que parecía tonta.
¿Dónde estarán todos ahora?
En el recuerdo de algunos.
En el recuerdo.

© Lorenzo Salas



Y así seguimos...



Y así seguimos: de eterno retorno
a las habitaciones de los sueños
donde los duelos se confunden
las nostalgias se diluyen
y las partidas se posponen.
Y así seguimos: ahuyentando
las sombras con el recuerdo
de las miradas de los niños
que envidié en la calle.
Arrastrando los trebejos inservibles,
ingenios accesorios
que parecieron la pulpa de la vida.
Porque tu cuerpo me parece
mi último destino
y allí me asiento, me encuentro
y te encuentro y todo lo demás
desaparece.
Porque en cada nuevo retorno
anidan todas las verdades
que atesoro y todo lo demás...
desaparece.
Y así seguimos: ahuyentando
todas las incertidumbres.
Y sí me fío, sí me fío
y por fin he encontrado
lo que antes recordaba
de otras vidas.
Y así seguimos... concentrando
las pobres certezas
que aún perviven.
© Lorenzo Salas



Franz Schubert, piano trio op. 100

El despertar



El despertar es
silencio. La silen-
ciosa respiración,
que ahuyenta
el silencio que no es
–que ya
no es–, me recuerda
que aún vivo.
La piel que me roza
y me calienta
se torna extraña.
Es el despertar
que me devuelve
mi propio aliento.
Es el despertar, que
me devuelve a mi
conciencia. Y ahí
al lado aún dormita
esa sombra que ya
no me excita, que no
sé si recuerda
lo mismo que yo
–que yo ya– recuerdo.
Él, que aún no ha vuelto,
que aún no sabe que yo
existo, sigue rompiendo
el silencio con
su aliento.

© Lorenzo Salas




Miro hacia atrás con asombro
y compruebo
la largura del camino ganado.
Las viejas landas desbastadas
con paciencia de artesano
me rinden cortés homenaje
lanzándome miles de besos
envueltos en pétalos de rosa
en hojas de libros gastados
y en fotografías de misses de los setenta.

Miro adelante, ufano,
y aún queda vereda por transitar.
La misma vieja vereda
que resiste impasible
y me espera
con esa mirada de farsante
que sabe
que todas las cartas están marcadas.

No me sigas, no me mires
con esos ojos turbios
que me duelen.
Yo solo soy el viajero
que no puede
hacer otra cosa que viajar.

© Lorenzo Salas











En el mar que ahora
ya no habitas
en el agua que se cuaja
como denso jugo
en cada huella que dejaste
a tu paso cuidadoso
por los alcorces
desguarnecidos de mi alma
en los vestigios
de las cicatrices de mis brazos
y mis piernas
que oculto con vergüenza
en las miradas
que se perdieron en el horizonte
detrás de la última vela.

© Lorenzo Salas


Michael Nyman - Carrington - Outside Looking In





Apretujas las horas
unas contra otras
como si fuera posible
comprimir el tiempo
y luego vas corriendo de un lado a otro
pensando que no llegas
que no llegas
que no llegas
como el conejo de Alicia
pero sin el reloj en la mano.

Y cuando corres
ya no me miras.

Estrujas mis manos
con fuerza
como si pudieras
atrapar el momento
pero el momento huye
y desaparece tras las cortinas
y ni siquiera te deja perseguirlo.

Y cuando suspiras
ya no me miras.

© Lorenzo Salas

Septiembre




Como un monótono metrónomo
chirría el somier de los vecinos
a las doce, a las dos, a las cinco y a las siete.
¿A qué hora vuelve el niño?
y mañana tengo examen,
a ver si por ser el último...

El metrónomo persiste aburrido.
Una y media, tres y cuarto, seis y media.
Como un bebé que no logra
alargar el sueño,
repite su llanto estridente
entre toma y toma.

Los días acortan lánguidamente.
El lunes hay colegio.
El sueldo también lo han recortado.
Al demonio le sigue creciendo el rabo.
Esta mañana se ha roto un cristal en la cocina.
Parece que este año tampoco vamos a ganar la liga.

Septiembre.


© Lorenzo Salas